Me gustan los juegos musicales, aunque no soy capaz de tocar ningún instrumento. El que intente ponerme una flauta dulce sabrá que la educación musical me ha fallado. A pesar de eso tengo un sentido del ritmo del que me siento orgulloso hasta que en el trabajo me pongo a tamborilear siguiendo el ritmo de la batería y me llaman la atención.

Pero no lo puedo evitar, la música en ocasiones me llena de felicidad y me muevo solo. Mucho. Embarazosamente mucho.

Esto me ha pasado con Fuser, y aunque es poca cosa, para mí es indicativo de que es un buen juego.

‘Fundamentos de ser DJ’

Fuser es el juego de la desarrolladora de juegos musicales por excelencia: Harmonix. Este estudio no solo se encumbró haciendo el Guitar Hero y rehaciendo con el Rock Band, además en su haber tiene otras joyitas como Amplitude (para PS2, si tenéis que jugar a un juego de esta consola, que sea este).

la base del juego es la microgestión

En este juego, y tras algunas aventuras de ser pinchadiscos* con poco éxito como DJ Hero o Dropmix, te sumerges en el mundo de los festivales y demás. Tu ascenso a la fama de la música pasa por aprender a pinchar distintos temas (que eliges tú de un repertorio que aumentará según gastes puntos conseguidos por tus actuaciones), todo muy típico.

Cada escenario del modo historia tiene 6 actuaciones, cada uno con un ‘mentor’ distinto. En el primero de ellos te enseñan las bases, y a partir del segundo escenario te empiezan a enseñar técnicas más avanzadas. La curva de aprendizaje es muy suave y te permite hacerte con todos los conceptos del juego a un ritmo de uno por nuevo escenario. Primero cambio en el downtempo, luego cambio de pista, seguido de cargar un disco, quitar el disco, navegar rápidamente tu colección de discos/samples… similar a lo que tiene que hacer un pinchadiscos en una sesión. Incluso puedes traerla ‘preparada’ con secciones listas para ello en el modo ‘juego libre’.

¡Marchando una ración calentita de Hip Hop noventero!

El juego, en su esencia, consiste en tener la destreza mental de encadenar peticiones (que van desde oir algo del año 2020 hasta escuchar cierto sample concreto) y cambios para tener al público contento mientras vas sincronizando puestas de pista con upbeats, haces fades y subidones (o los autohaces). 

Sí, la base del juego es la microgestión, y esta se puede poner un poco cuesta arriba, dándote esa agobiante sensación de conductor de autoescuela en su segunda clase. Y aparte, si eres muy negao puedes activar el modo ‘sin fallos’ en el que podrás progresar sin preocuparte de pifiarla.

Sile, nole, nole, sile…

Tras cada actuación y dependiendo de tu habilidad ganas 2 tipos de puntos: unos ‘guays’ de estilo que te permiten comprar ropas para tu personajillo que oscilan entre lo más poser posible y la horterada más monstruosa. 

Con los otros (oh, si) puedes comprar discos que usar en tus mezclas. Eso sí, ten en cuenta que cada ronda tiene una temática específica y que tendrás que tragarte ciertos samples que entrarán con la temática sí o sí, obligandote a ser variable como jugador y a sentirte cómodo pinchando distintos géneros. Con todo y con eso, entre las 100 canciones que hay disponibles para elegir seguro que tienes muchos favoritos o comodines que te sirven en casi todas tus sesiones (en mi caso, Don’t fear the Reaper y All Star entran casi siempre… o casi siempre que me dejan).

Mira mamá, sin talento

¡Santos escenarios caramelizados, Batman!

Y este es el punto malo de este juego, las mezclas son raras y casi aleatorias.

Tu capacidad de poder ‘fusionar’ canciones de géneros tan dispares como la psicodelia setentera, el rock más cañero y el hip hop más comercial va a ser limitado. Es lo que hay a no ser que ya seas un dj con experiencia, y en ese caso es posible que este juego no sea para ti.

Es un juego al que puedes estar enganchadisimo 2 semanas y luego dejarlo completamente sin remordimientos.

Las sesiones son y se hacen largas, las mezclas pueden ser ‘perfectas’ para la máquina pero chirriarte un poco al oído (eh, para gustos colores). Además, el juego da literalmente lo que dice que da. No hay hueco para sorpresas, ni para giros, ni para nada que no sea exactamente la sesión de DJ que puedes ver en cualquier gameplay de youtube. Y esto es un chasco.

Es un juego al que puedes estar enganchado y emocionado durante 2 semanas y luego dejarlo completamente sin sentir remordimientos. Aunque intenten alargar la rejugabilidad con automatismos y nuevas canciones (DLC mediante, claro) el concepto básico del juego no da para más a no ser que te flipes mucho, aunque sea muy bueno en el apartado del sonido. No tienes que enfrentarte a una curva de dificultad que te de un reto para mejorar tú como jugador, como por ejemplo Guitar Hero, que te hacía desarrollar las habilidades digitales para conseguir hacerte locuras como ‘Through Fire and Flames’ en dificultad Experto.

«¡Con la mano arriba! ¡Esta fiesta no termina!»

Las limitaciones suelen ser las que le dan la gracia a los juegos y a los relatos ** y aunque el juego es bastante bueno, creo que no va a sorprender a nadie a estas alturas. Es literalmente lo que parece, normal en un juego musical donde no hay mucho hueco para la sorpresa.

No os confundáis, lo de moverme como un ganso en el salón mientras pincho discos es un logro cuya autoría es única y exclusivamente de los desarrolladores, que han hecho un juego con un gameplay y un sonido espectacular. Pero aunque sea por poquito tiempo merece la pena probarlo porque seguro que te supondrá un reto y te emocionará (aunque sea brevemente). 

Tras sentar precedente con fantásticos juegos puede que estemos esperando colectivamente que el siguiente juego que saque Harmonix sea un cañonazo tan gordo como fué en su día Guitar Hero (o Rock Band, que ahí sigue con sus canciones DLC, aguantando el tirón). Pero admitamoslo, la época de los periféricos de plástico ya pasó para no volver. Con todo y con eso, ¡larga vida a los juegos musicales!

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*[alerta viejuna]
**[si, parafraseo la Segunda Ley de Sanderson. Demandadme.]